Kyuss – Welcome to Sky Valley (1994)

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Kyuss es uno de esos pocos grupos que se identifican como buque insignia de todo una escena musical. El stoner explotó a finales de los 90 y en gran parte de la primera década del nuevo milenio y los aupó a un estatus de grupo de culto que ellos mismos se empeñan en destruir con sus múltiples reencarnaciones (Kyuss Lives!, Vista Chino).

La escena está irremediablemente asociada al desierto californiano de Palm Desert. Pero en lo que posteriormente se asoció a stoner colaboraron multitud de grupos de sonido pesado y/o lisérgico en distintas proporciones. Sería imperdonable no nombrar a sus padres espirituales Yawning Man, con el sonido más pedregoso y ácido de todo el desierto, y a Sleep (también de California), mucho más dirigidos hacia el doom tradicional a la Saint Vitus, Pentagram o lógicamente, Black Sabbath.

Centrándonos en el grupo y disco que nos ocupa, Kyuss venía de sacar su primer “éxito” en forma de LP llamado Blues for the Red Sun en 1992. Aquí se sientan las bases de su sonido y se allana el camino para, dos años después y con una producción a la altura, alcanzar la cima creativa de su carrera.

Producido por Chris Goss (quizá el hombre más importante de la escena, responsable de Masters of Reality), Welcome to the Sky Valley tiene ínfulas de conceptual por la continuidad y densidad de su sonido, aunque afortunadamente se decidieran a cortarlo en las diez pistas que lo componen (repartidas en tres movimientos según el tracklist oficial).

A lo largo de las diferentes pistas, verdaderos puñetazos en la cara se intercalan con otras de carácter más introspectivo y psicodélico, logrando un verdadero equilibrio que muy pocos grupos han sabido alcanzar de forma tan efectiva. Del disco se extrajeron dos singles: Gardenia por un lado, como un muro cargado de distorsión de 6 minutos y Demon Cleaner, menos densa y más lisérgica.

Dejando de lado la idoneidad de los singles seleccionados, el disco se nutre de trallazos como 100º , Odissey o Supa Scoopa and the Mighty Scoop (la canción definitoria del disco, junto a Gardenia); y otros donde la psicodelia gana terreno con intervalos ácidos como Asteroid o la “acústica” Space Cadet. Todo culminado con el viaje colectivo de ocho minutos de Whitewater.

A John García se le fue un poco de las manos en este festival

Me he quedado con ganas de ahondar más en lo qué se ha considerado stoner con los años, rajar un poco de las decenas de grupos que lo han entendido de la peor forma posible y alabar, por qué no, a muchos otros que han derivado en otros lugares con mayor o menor acierto. Pero esto ya será otro día.

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