Atlántida Film Fest: mini-resumen.

timulando mi versión multidisciplinar, aproveché que en Filmin organizaron un pequeño festival online de cine para ver el máximo número posible de las participantes. El vergonzoso resultado fue que conseguí ver 6 de 26. Todo un éxito. Pese a que he visto pocas, que los títulos realmente llamativos ya habían podido ser vistos en otros lugares con bastante anterioridad y que apenas hay un nexo común, un objetivo, que sostenga la programación ofrecida, considero que es una iniciativa a reivindicar. Una pequeña reseña de lo visto durante el mes que duró el festival aprovechando unas cuantas ideas recicladas:

-the swell season.
Es interesante cómo The Swell Season cobra vuelo más allá del docu-reality personal de los protagonistas de Once. Hansard e Irglová desnudan el núcleo de su relación y la bañan en las agridulces sales de plata de un purísimo blanco y negro, mientras nos recuerdan que entre ser y parecer sigue mediando el resto de la humanidad.

-bellflower.
Del sudor de los nervios por conocerte al que provoca un sol que lanza llamas sobre nuestras cabezas mientras van de la nada a ninguna parte.
De las lágrimas y del odio.
De la sangre y del fuego.
Sobre todo, del fuego.
Amor. Nos dañará, pero estaremos bien. Oh, mierda, claro que estaremos bien. De entre todas las cosas que aún hay en el mundo, nos queda la esperanza y la belleza del fuego que sigue abrasando nuestras cabezas.

Por otra parte, absolutamente imprescindible. Os lo aseguro.

-cold weather.
Un día, una película será tan mumblecore que dejará de ser película. Cold Weather lo intenta, pero todavía nos presenta algo. Lo que sea. Con una trama simpática y un minimalismo leonino, la melancolía forma gotas, pero apenas deja huella.

-puzzled love.
Tan notorias son sus virtudes como sus defectos. No cabe sino, con un cierto paternalismo, felicitar a los autores por algo a lo que, definitivamente, le falta poso para ser recordado.


Algo más desarrollado, escribí aquí sobre la película.

-unmade beds.

Oda al cosmopolitismo, con la soledad como consecuencia. Uno no puede evitar pensar en todo momento en lo ordenada que es su propia vida, como si estuviera mirando un entorno extraterrestre. Uno no puede evitar pensar, además, en que la trama paterno-filial convierte a la película en un ejercicio de obviedad. Pero todo sea por la música.

-submarine.

Quizás la propuesta más sólida. Quizás, también, la más convencional, la más conservadora. El amor como fuerza encauzadora, la familia como externalidad y el pisar charcos, escribir notas y sacarse fotos como gancho hacia el espectador. Es su concesión. La nuestra es tragarnos su aparente revolución formal con optimismo, que para eso todos fuimos preadolescentes.

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